Retomando nuestro proyecto "Promoción del bienestar" en Impsica...
Uno de los errores que más comúnmente comentemos es el de confundir la felicidad con los momentos de placer, alegría o risa. Emociones que, si bien son positivas y nos ayudan a secretar hormonas que nos aportan múltiples beneficios a nuestra salud, son efímeras y dependen, por lo regular, de objetos o circunstancias externas a nosotros mismos.
Ya hemos dicho anteriormente, que la felicidad se trata de una actitud interna, de un hábito que podemos construir en nuestra vida cotidiana, por lo que es importante entonces que aprendamos a autogenerarla, independientemente de los objetos o circunstancias externas.
"Todos los días nos enfrentamos con numerosas alternativas y, por mucho que lo intentemos, a menudo no elegimos lo que es "bueno para nosotros". Ello está relacionado en parte con el hecho de que la "elección correcta" a menudo supone sacrificar nuestro placer". (Dalai Lama y Howard Cutler, 2008: 46)
Pensemos por ejemplo en uno de los propósitos de año nuevo más comunes: bajar de peso. Sabemos que esto nos permitirá tener una mejor condición física, mejorar nuestra salud, prevenir algunas enfermedades, etc.; es decir, que se trata de algo que será "bueno para nosotros" ahora, pero que se reflejará mucho más en el futuro. Hasta ahí todo bien y seguramente todos los que anotaron este propósito en su lista de año nuevo, están conscientes de todos los beneficios que les aportaría; sin embargo, ¿qué es lo que ocurre? Asistimos con un nutriólogo o bariatra para que nos diseñe el mejor plan de alimentación para bajar esos kilos de más, nos restringe algunos alimentos, o quizá sólo nos reduzca las porciones de los alimentos, con la finalidad de cubrir la cantidad de calorías necesarias para nuestro organismo de acuerdo con nuestra edad, ocupación, estructura, etc. Comenzamos un lunes, todo bien, martes, miércoles, jueves, llega el viernes y ya comenzamos a tener algunas dificultades porque los amigos nos invitaron a una comida o cena deliciosa, como preámbulo del fin de semana... sábado y domingo de antojos, paseos, etc, ¡ni pensarlo! se atraviesan frente a nosotros todos los platillos más suculentos y deliciosos y sucumbimos, pensando en que el lunes retomaremos la dieta. Segunda semana, lo mismo, aunque ahora ya desde el jueves nos damos esos "permisos". Tercera semana: miércoles de "permisos" y así, de pronto, vemos que ya nos hemos olvidado de ese propósito... pero es que cómo vivir sin esos ricos postres y fritangas?!!!! ¡Imposible!
"En realidad, ninguno de nosotros necesita de filósofos, psicoanalistas o científicos para que nos ayuden a comprender qué es el placer. Lo sabemos cuando lo sentimos. Lo reconocemos en el contacto o la sonrisa de un ser querido, en el lujo de un baño caliente una tarde lluviosa y fría, en la belleza de una puesta de sol. Pero muchos de nosotros también experimentamos placer en la frenética rapsodia de la cocaína, en el éxtasis de un "viaje" de heroína, en la diversión tumultuosa de una juerga llena de alcohol, en el arrobamiento de los excesos sexuales, en el entusiasmo de un acierto en el juego. Éstos también son placeres muy reales, con los que muchos de nosotros aprendemos a convivir." (Dalai Lama y Howard Cutler, 2008: 47)
Claro, muchos dirán, pero hay una gran diferencia entre comerme ese suculento pastel de chocolate y consumir cocaína o heroína!!! no se puede comparar!!! ¿a quién se le ocurre? Esto es cierto en alguna medida, pero lo de lo que aquí estamos hablando no es de qué es mejor o peor para satisfacer nuestros placeres, sino de lo que está en el fondo de todos estos asuntos: nuestra idea equivocada de que la felicidad es igual a placer. Los mecanismos que adopte esta idea para llevarnos al placer son la diferencia, pero el trasfondo es el mismo y, en ambos casos, el resultado es el mismo: el placer es efímero, pasa, y entonces buscamos nuevamente satisfacerlo y nos vemos así, envueltos en un círculo viciosos que, a la larga, termina por perjudicarnos con conductas autodestructivas y producirnos un gran infelicidad.
¿Qué hacer entonces?
"Aunque no hay formas fáciles de evitar estos placeres destructivos, disponemos afortunadamente de una certeza como punto de partida: el simple hecho de recordar que lo que buscamos en la vida es la felicidad. [...] Si afrontamos la vida teniéndolo en cuenta, nos será más fácil renunciar a las cosas que, en último término, son nocivas, aunque nos proporcionen un placer momentáneo. La razón por la que suele ser tan difícil decir "no" se encuentra en la misma palabra "no", asociada a ideas de rechazo, de renuncia, de negación de nosotros mismos". [...]
Pero existe un enfoque que puede ayudarnos: enmarcar cualquier decisión que afrontemos preguntándonos: ¿ME PRODUCIRÁ FELICIDAD?. Esa simple pregunta puede ser una poderosa ayuda en todas las circunstancias: no sólo en la decisión sobre consumir drogas o tomar esa tercera porción de pastel de plátanos con crema; contribuye a enfocarlo todo desde un ángulo distinto. Al afrontar nuestras decisiones cotidianas teniendo esto en cuenta, desplazamos el centro de atención, de aquello a lo que renunciamos a la búsqueda de la felicidad definitiva. Una clase de felicidad que, como definió el Dalai Lama, sea estable y persistente. Un estado de felicidad que permanezca, a pesar de los altibajos de la vida y de las fluctuaciones de nuestro estado de ánimo, como parte de la matriz misma de nuestro ser. Desde esta perspectiva nos resultará más fácil tomar la "decisión correcta" porque estaremos actuando para dotarnos de algo permanente, con una actitud que supone moverse hacia algo, en lugar de alejarse, que significa abrazar la vida en lugar de rechazarla. Este movimiento hacia la felicidad puede tener un efecto muy profundo: puede hacernos más receptivos, más abiertos a la alegría de vivir". (Dalai Lama y Howard Cutler, 2008: 48)
A partir de esta reflexión, entonces, les propongo dos ejercicios para esta semana:
1. Revisar todas nuestras actividades, actitudes, reacciones emocionales y conductas más comunes y hacer una lista de ellas. Puedes hacer una tabla: en la primera columna anotarás esta lista; en el encabezado de la segunda columna puedes escribir la pregunta ¿esto me ha producido felicidad o placer? y, a continuación, anota tus reflexiones sobre cada uno de los puntos que hayas escrito en la primera columna. Si tu respuesta a la columna dos, en algunos puntos, fue que eso no te produce felicidad, puedes añadir una tercera columna y anotar en ella las actividades, actitudes, reacciones emocionales y conductas que te producirían felicidad auténtica (es decir, un estado de paz y tranquilidad internas) con el fin de desarrollarlas día a día.
2. Con la información de la tercera columna de la tabla anterior, sumándole más actividades, actitudes, reacciones emocionales y conductas que consideres que te producirán felicidad auténtica, elabora una lista por separado que traerás siempre contigo y se convertirán en algo así como "Tu agenda diaria para la felicidad".
Hace dos semanas compartí una especie de cuestionario sobre la felicidad que se divide en 14 puntos fundamentales para la felicidad. El primero de ellos es el de mantenerse ocupado y ser activo, en el cual nos ocuparemos durante las siguientes semanas; sin embargo, era importante hacer una pequeña pausa para reflexionar sobe el tema de hoy para no confundir felicidad con placer.
Los invito a que compartan su experiencia con los ejercicios, películas y libros que hemos recomendado sobre el tema de la felicidad, con el fin de ir nutriendo nuestras reflexiones.
Saludos y construyan una hermosa semana!
Psic. Paola Padilla,
Fundadora de IMPSICA

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